El artificio de la escritura / The artifice of writing


lunes, 12 de enero de 2026

El diario personal: una posible explicación

                                                                                        


Muchas son las maneras de llevar un diario personal, muchos los posibles objetivos de hacerlo, todos excesivamente egocéntricos. Escritura especular sobre todo y en muchos casos un resonar de profundos ecos. Remedo de Narciso.

Casi a diario cambian y se alternan, como se alternan y cambian casi a diario en quien lo escribe, los intereses, las curiosidades, las emociones, las diversa reacciones, en fin, a las diversas y múltiples experiencias cotidianas, desde el despertar del sueño críptico de la madrugada hasta la interminable vigilia del insomnio y sus obsesiones. 

De todo cabe en un diario, sobretodo si, más que de un diario, se trata de un carnet o un vademecum, o como se pueda nombrar eso que la tradición, desde antiguo conoció como libro de lo común--dígase “cajón de sastre”--en que se consigna en curioso desorden la abigarrada colección de los diversos materiales que recoge la experiencia individual de alguien atento a sus circunstancias y aquejado de no se sabe qué mal del espíritu que lo lleva a acaparar cuanto en ella ve y descubre .  

Pensé en esto al sentarme hace poco a dar cuenta por escrito de lo que hice en el día. Antes de ponerme a escribir pegué en la página blanco la pegatina con que el museo te identifica como visita que ha pagado su entrada y que había olvidado quitármela de la solapa. 

Y en vez de comentar la visita y mis impresiones del arte contemplado escribí que es algo que hago constantemente esto de pegar en  las páginas de mi libreta de bolsillo las entradas al cine, al teatro, a conciertos, a museos; las boletas de restaurantes que valieron la pena, la etiqueta de algo cuya compra satisfizo y, en general, cuanto papel documenta para el futuro del recuerdo un acontecer que podría ser memorable.

Innumerables son, en efecto, los modos de llevar un diario personal, pensé, muchas sus diversas motivaciones y objetivos, todos narcisivamente personales con mucho de obsesivo coleccionismo intantil. 


sábado, 3 de enero de 2026

Diario: Primera página


A pesar de mi antipatía por las fechas celebratorias y por la atención que se les presta, comienzo este nuevo cuaderno los primeros días de enero, como si reconociera---contra mi desdén por las fechas distintivas---el valor inaugurador de este primer mes del año. 
Hoy es ya el sábado 3: el tiempo se nos adelanta. 

El cuaderno anterior lo cerré ayer, habiendo podido cerrarlo hace cuatro días, cuando se acabó el año, para abrir éste exactamente el día primero haciendo coincidir el nuevo diario con el año nuevo. Por mucho que uno diga que prescinde de las fechas, el mes de enero se presenta—ilusamente--como un inicio renovador, aunque sus días, al ir pasando unos tras otros irán retomando el tinte opaco de lo consabido. El tiempo sigue igual que siempre, huyendo de nuestra proposiciones, y los días retoman su desconsolado ir dejándolos pasar para mañana. 

Enero, sin embargo---hay que aceptarlo---, no es un mes cualquiera: nos engaña al principio con la novedad y pronto nos devuelve a golpe apresurado de reloj y calendario al hábito de siempre. Casi sin que nos demos cuenta le da paso a febrero. Tal vez por esto los cuadernos de mi diario no se rigen por las fechas memorables sino por el momento en que se me acaban las páginas del que he estado usando y tengo que iniciar otro en limpio sin interrumpir siquiera el hilo de lo que iba escribiendo.

Como todo cuaderno nuevo que abro por primera vez, éste se me ofrece como una renovada oportunidad de cumplir lo imaginado: dejar la perfectamente escrita constancia de lo que he sentido y pensado al ir viviendo a diario la diaria sorpresa de existir. Sus páginas en blanco se ofrecen para el largo y supuestamente provechoso ejercicio espiritual de poner por escrito lo que a uno le sucede y lo que la mente concibe y disputa consigo misma. Como éste, todo cuaderno intacto todavía promete ser el perfecto, el que supusimos sería ese primero que iniciamos cuando apenas dejábamos de ser niños. Hay ilusiones que no cambian nunca, a pesar de todo. y lo que siento al escribir estas primeras líneas de la primera página en blanco no difiere gran cosa de lo que sentí, hace ya más de siete décadas, al tomar la pluma y escribir la primera línea de este dietario hasta el momento interminable.

Sea el comienzo de año inicio de un nuevo capítulo de la aventura inconclusa que el nuevo cuaderno documente y narre para ese futuro improbable de la lectura evocadora.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

El nuevo Año Nuevo


El tiempo, su medida y numeración, constituye, como tantas otras convenciones que conforman nuestra realidad, una innegable influencia en lo que somos y cómo sentimos y nos comportamos. Más aún, habrá quienes afirmen, con justificadas razones, que nosotros somos ese misterioso fenómeno que enumeramos en vidas transcurridas y en sucesivas generaciones. 


Debió aprender el ser humano a medir el tiempo contando días entre luna llena y luna llena y horas entre sol y sol. El latido de su propio pecho, ya en la paz del descanso, ya en los arrebatos del entusiasmo y el miedo, le habrá enseñado también a contar, empuñando dedo a dedo las dos manos. Y habrá también contado con creciente preocupación los años de su edad, la suma incesante de las estaciones. 


Las matemáticas del tiempo---su geometría de astros estelares y de sombras angulares en llanuras, faldas y picachos de los montes---, las cifras del continuo y cíclico movimiento, fueron generando el damero—luz y sombra—del calendario, mágico objeto que atrapa en su diseño estático, cuadriculado o circular, el presente—laberintos del estar en el espacio—, el pasado y el futuro: memoria acumulada y progresión innumerable.


Hubo de enunciarse la cifra inicial de un primer enero y se fueron agregando luego—y en eso estamos y estaremos hasta el final de nuestra presencia en el universo—la serie infinita de los números imaginarios. Ejercicio del que cuenta los granos de la arena que se escurre inasible entre los dedos, ábaco ilusorio.


Así, cada tanto, según hemos decidido se ha de contar lo innumerable, celebramos—entre exageradamente contentos y disimuladamente tristes—el final de un ciclo acomodado a nuestras percepciones y el comienzo de otro que, se supone-–contra toda evidencia de lo contrario—, será mejor que el que damos por concluído.


Supersticiosa es la magia ancestral de las instintivas celebraciones.